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GUIONISTAS Y PRODUCTORAS, UN TÁNDEM CREATIVO

La quinta edición del Festival Internacional de Cine de Barcelona ha estrenado su IV jornada de Guionistas e Industria con el coloquio presencial: “Guionistas y productores, un tándem creativo”, una tertulia en la que guionistas y directores, junto a sus productoras audiovisuales, han abordado el proceso creativo en equipo y el desarrollo de los proyectos desde su concepción hasta su estreno en salas.

La mesa ha contado con la presencia de dos tándems creativos: Jaime Rosales -director, guionista y productor de películas como “La soledad”, “Hermosa Juventud” o “Petra”- junto a su productora Bárbara Díez, y Celia Rico -directora, guionista y productora nominada al Goya a mejor dirección por su opera prima “Viaje al cuarto de una madre”- junto a su productora Sandra Tapia -productora de “El árbol de la sangre” de Julio Medem o “Madre” de Rodrigo Sorogoyen.

Valérie Delpierre, productora de la ganadora al Goya a Mejor Película 2021 “Las niñas”, ha moderado la sesión y ha empezado preguntando cómo los creadores daban con una buena idea y cuándo decidían compartirla con sus productores. Ambos guionistas coincidían en que, desde leer una noticia en el periódico a escuchar una pieza musical, pueden inspirarles para construir una buena historia o personaje. El caso es estar siempre en búsqueda de nuevas ideas e irlas apuntando, o tal vez no… Rosales aseguraba que las ideas realmente buenas no hace falta apuntarlas porque a uno no se le olvidan y así es como él diferencia una buena idea de una mala.

Y, ¿quién es la primera persona con la que comparten esas buenas ideas? Sus productoras, tanto Sandra Tapia como Bárbara Diez, siempre son las primeras en escuchar esa nueva idea y en valorar si tiene el potencial para convertirse en película.

Una vez dan con una buena idea, es el momento de afrontar el proceso de escritura. El tándem creativo de J. Rosales y Bárbara, optan por partir siempre desde una primera versión de guion que Jaime escribe solo y después, tras la primera lectura de Bárbara, ven qué necesidades tiene el proyecto para crecer. Por ejemplo, fue el caso del largometraje ‘Petra’, en el que desde el primer minuto vieron claramente que necesitarían una mujer guionista para construir un buen personaje principal.

Escribo sola y es un proceso duro. Siempre tengo un deseo muy fuerte de poder conectar con el otro y ese es mi punto fuerte de la relación con Sandra. Somos amigas, y también productora y guionista, lo que me permite conectar con ella y desarrollar mis ideas de una forma mucho más personal”- explicaba Celia, a lo que Sandra añadía que para una productora es esencial saber cuanto antes qué quiere contar el creador para poder hacerse la idea del tipo de película que tiene entre manos.

Otro momento complicado dentro de este tándem creativo, es cuando el productor debe dar su feedback al guionista. ¿Qué ocurre cuando productores y creativos no están de acuerdo o cuando el guionista recibe pluralidad de opiniones? ¿A quién debe escuchar? Tras un ligero silencio en la sala, y una confesión de que ambos equipos han estado algún que otro viaje en coche sin dirigirse la palabra, Celia explicaba que es un momento complicado y delicado porque se trata de algo personal, pero que, a su vez, el feedback plural es el mejor detector de errores que hay. Es delicado, pero compartirlo y dialogar los errores es fundamental para sacar la mejor versión posible de un guion.

¿Qué hay de aquellas escenas de las que el guionista está enamorado/a? ¿Debe acceder a cambiarlas?  “El amor es el gran problema de la condición humana. Te puedes enamorar de una línea de diálogo, de un plano o de una toma. Todo aquello de lo que te enamores, peligro. El diablo anda detrás. Lo ideal es mantener una actitud fría ante todo y no enamorarte de nada”, remarcaba Rosales. Por ese motivo, la figura del productor es tan importante, porque el buen productor ama el proyecto, pero logra no enamorarse de él para ayudar al guionista a verlo todo con perspectiva y claridad.

A lo largo del coloquio también ha surgido el gran problema de los deadlines. Los guionistas trabajan con multitud de fechas de entrega, algo que resulta complicado porque, al tratarse de un campo creativo, uno no sabe cuándo se le van a ocurrir las ideas. A pesar de ello, escribiendo cada día uno aprende a entrenar la creatividad y respetar esas fechas que, a su vez, son esenciales para que los productores puedan llevar esas ideas a la gran pantalla.

En definitiva, existe una tensión creativa entre la figura del productor -quien aporta la fuerza industrial- y el guionista -quien aporta la fuerza artística- que es esencial. Cada uno, desde su rol, debe defender lo suyo mientras escucha al otro y, tal como nos han asegurado ambos tándems, esa es la mejor fórmula para formar un buen equipo entre el guionista y productor.

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